La mejor medicina contra el cambio climático, la conservación

La conservación de ecosistemas es un mecanismo básico para la lucha contra el cambio climático, la protección del planeta y la protección ante nosotros mismos.




Los ingleses dicen if it’s not broken, don’t fix it (si no está roto, no lo arregles). Este proverbio viene a significar que, cuando algo funciona bien, no hay razón para cambiarlo, ya que esto puede ocasionar todavía más daños. El equilibrio medioambiental de nuestro planeta sería el perfecto ejemplo de ello. Pero para esto ya llegamos tarde… ¿O no?

Siguiendo con los proverbios, nunca es tarde si la dicha es buena. ¡Y la dicha es buenísima! Se trata de frenar el cambio climático, de seguir vivos. No es cuestión de ponerse dramáticos, es cuestión de tomar consciencia de la situación crítica en la que está el planeta y luchar contra el cambio climático con dos armas complementarias: la economía circular y la conservación ambiental.

La economía circular, la clave

Todos sabemos que no se puede hacer una tortilla sin romper huevos, y que no podemos mantener un modelo de vida no ya igual, sino remotamente similar al que tenemos sin producir y consumir (la pescadilla que se muerde la cola). Eso sí, se puede producir y consumir de otra manera: se llama economía circular.

Ya hemos dicho alguna vez que la economía circular ofrece una alternativa viable al modelo lineal del “producir-usar-tirar” hegemónico. En el caso que nos ocupa, reducir el consumo de materia prima vegetal y reutilizar/reciclar de maneras tan creativas como estas, reduce la presión sobre las materias primas vegetales que tan importantes son para mantener el equilibrio.

Por estos y más motivos, en Residus Cirera nos tomamos la economía circular muy en serio. Nuestro departamento de Consultoría Circular acompaña a las empresas en su transformación hacia la circularidad y en nuestra actividad como gestores de residuos, separar y valorizar es nuestra prioridad y actualmente, a los rechazos que no tienen utilidad e  irían al vertedero le aplicamos procesos de pre-trituración, tamizado, eliminación de elementos inertes no combustibles, eliminación de plásticos contaminantes, densificado y compactación adecuados para cumplir con las especificaciones técnicas exigidas a nivel europeo y también por el usuario final para convertir este residuo en Combustible Sólido Recuperado (CSR). ¡Así contribuimos al círculo virtuoso! 

 

Las plantas, depósitos vivos de dióxido de carbono

Siendo realistas, por mucho que reduzcamos nuestras emisiones de gases de efecto invernadero seguiremos añadiendo leña al fuego. Pero ¿y si hubiera una forma de reducir la presencia de dióxido de carbono en la atmósfera?

Buena noticia: ese sistema ya existe, se llama “planta”. La vegetación no elimina el CO2, sino que lo atrapa en su estructura. De hecho, entre bosques, monte bajo y pastizales absorben en torno al 30 % de nuestras emisiones, proporción que además va in crescendo.

La mala noticia es que las plantas no dan abasto: haría falta el triple de vegetación de la que existe para amortiguar nuestras emisiones. Así que, ¡vamos a echarle una mano! 

Urge actuar desde varios ángulos. Por un lado, reforzando las políticas de conservación. Y por otro, fomentando la creación de estrategias de economía circular funcionales, viables y efectivas

¡En eso estamos, cerrando el círculo!

 

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