LA CONTAMINACIÓN LUMÍNICA, UN PROBLEMA DE TODOS

La lista de males con los que maltratamos a nuestro planeta es larga: el cambio climático, el efecto invernadero, las contaminaciones varias…

Si bien hay muchas instituciones y personas individuales que trabajan por solucionar estos problemas y concienciar sobre ellos, es cierto que, si pensamos en tipos de contaminaciones, nos vendrán a la mente demasiados tipos: la atmosférica, la del suelo, la del agua…

En las primeras que pensamos son en las provocadas en su casi totalidad por excesos y vertidos incontrolados de residuos, pero existen otras que no son consecuencia directa de esto y que también son importantes: la acústica, la electromagnética o la lumínica. Prestemos atención a esta última.

La contaminación lumínica es la que no nos permite ver las estrellas de noche. Dicho así podría parecer una tristeza poética, pero lo cierto es que tiene consecuencias muy graves. Es un tipo de contaminación que causan las luminarias (fuentes de luz artificial) proyectadas hacia el cielo nocturno.

Además de ser un obstáculo para la ciencia, puesto que no permite realizar bien labores de astronomía o de física, tiene repercusiones en la salud de las personas, en los recursos energéticos y en el estado del medio ambiente.

Entre el 80% y el 90% de la población mundial vive en entornos afectados por la contaminación lumínica. Esta afecta a su salud, ya que el exceso de iluminación artificial causa estrés e insomnio. La contaminación lumínica también afecta a los animales. Deslumbra a especies nocturnas con hábitos de alimentación y migración marcados, como aves, anfibios, especies marinas o insectos, que se desorientan.

Una de las consecuencias más graves de la contaminación lumínica es el derroche de recursos. Un exceso de iluminación artificial y un mal planteamiento de la iluminación urbana (pensemos, por ejemplo, en farolas encendidas cuando aún hay luz solar) malgasta y aumenta el consumo de energía eléctrica.

Así, la contaminación lumínica también genera residuos, ya que el mercurio es un componente usual en las luminarias y es un contaminante muy potente.

La forma más eficaz de combatir la contaminación lumínica es la concienciación y la acción de las instituciones encargadas de la planificación del alumbrado urbano. Sin embargo, las personas también podemos colaborar para reducir las consecuencias de este problema medioambiental.

¿Cómo ayudar a disminuir la contaminación lumínica a nivel individual?

💡 Consumiendo luz eléctrica de forma responsable; apagando luces en estancias vacías, por ejemplo.

💡 Utilizando luminarias ecosostenibles de bajo consumo, libres de mercurio.

💡 Reciclando correctamente las luminarias que ya no funcionan.

💡 No dirigiendo luces hacia el cielo y cerrando cortinas si necesitas mucha iluminación en casa, (para una fiesta, por ejemplo).

💡 Apagando luces exteriores (de patios, jardines…) cuando no sean necesarias. Entre todos, podemos contribuir a reducir la contaminación lumínica para que el cielo nocturno vuelva a su oscuridad natural y reducir el consumo energético.